Día de la Mujer en Guatemala: Un Día para REIVINDICAR, no solo para “celebrar”

Cada año, el 8 de marzo marca una fecha que muchas personas describen como “el Día de la Mujer”. Sin embargo, como activista feminista guatemalteca, quiero plantearlo desde su sentido histórico y político: no es un día para felicitar, ni para decir “feliz día” como si se tratara de un cumpleaños. Este día es una conmemoración de lucha, resistencia y reivindicación de derechos. Es un día para hacer memoria, exigir justicia y reflexionar sobre las estructuras que aún nos oprimen.
Desde hace más de un siglo, mujeres de todo el mundo han alzado la voz contra sistemas que niegan derechos básicos, que invisibilizan nuestros cuerpos y que justifican violencia, brechas salariales, discriminación y subrepresentación política. El 8 de marzo es un recordatorio de que el patriarcado no ha sido derrotado, sino que sigue reproduciéndose en nuestras instituciones, en nuestros hogares y en nuestras economías.
- ¿Por qué es un día para reivindicar y no celebrar?
- Contexto actual en Guatemala: demandas, marchas, violencia y justicia
- Iniciativas institucionales: entre el reconocimiento y la crítica necesaria
- Eventos programados en Guatemala para este 8 de marzo
- Mujeres referentes de Guatemala: historias que inspiran lucha y resiliencia
- Reflexión final: el 8 de marzo como herramienta de transformación
¿Por qué es un día para reivindicar y no celebrar?
El Día Internacional de la Mujer surge de las luchas de trabajadoras que, hace más de 100 años, organizaban huelgas y protestas exigiendo derechos laborales, condiciones dignas y reconocimiento. Con el paso del tiempo, esta conmemoración ha sido institucionalizada, pero sigue teniendo un sentido profundamente político: no se trata de recibir flores, descuentos o felicitaciones, sino de recordar las injusticias que aún persisten.
En Guatemala, esto tiene un significado concreto cada 8 de marzo. Más allá de actos simbólicos, las mujeres caminamos, protestamos y levantamos demandas que siguen siendo urgentes: justicia ante los feminicidios, atención para víctimas de violencia, educación sexual integral, acceso digno a la salud, condiciones laborales equitativas, y el fin de la discriminación estructural que afecta especialmente a mujeres indígenas y rurales.
El activismo feminista ha insistido en que falacias populares como “¿y por qué no hay tanto ruido por el día del hombre?” muestran un desconocimiento profundo de la historia de opresión de las mujeres. El “Día Internacional del Hombre” existe en algunas partes del mundo —se celebra el 19 de noviembre en varios países—, pero no surge de un movimiento organizado contra la opresión sistemática, sino como respuesta a discusiones sociales sobre la salud masculina y modelos de rol. Eso no equivale, ni por cercanía ni por impacto histórico, a la lucha feminista por derechos humanos y equidad real.
Aclaro esto con respeto: esta discusión no pretende “excluir a los hombres”. No buscamos exclusión sino reivindicación de un grupo que ha sido discriminado y violentado durante siglos. El feminismo no es odio hacia los hombres; es lucha contra las estructuras que benefician a unos y desventajan a otras.
Contexto actual en Guatemala: demandas, marchas, violencia y justicia
En Guatemala, el 8 de marzo no es una jornada decorativa. Este día, organizaciones feministas como la Coordinadora 8 de marzo coordinan marchas, plantones y acciones de protesta para exigir justicia y cambio real. En 2025, cientos de mujeres marcharon desde puntos emblemáticos como el Palacio de Justicia hacia la Plaza de la Constitución, levantando consignas como “Mi vida tiene valor”, exigiendo respuestas ante la violencia, los altos índices de abuso infantil, embarazos forzados en menores y la impunidad ante crímenes de género.
Asimismo, desde diferentes territorios del país —como Huehuetenango y frente a la Corte Suprema de Justicia— las mujeres, niñas y activistas se organizaron para hacer pública su demanda de una vida libre de violencia y con igualdad de derechos.
Estos actos no son celebraciones: son protestas políticas, denuncias públicas, actos de memoria y exigencias de cumplimiento de derechos fundamentales.
Además, en Guatemala existe un simbolismo específico ligado a esta fecha: la Plaza de las Niñas de Guatemala 8 de Marzo, renombrada en memoria de las adolescentes que murieron en el incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción en 2017 —un episodio que puso al descubierto la violencia estatal y social contra niñas y mujeres jóvenes.
Iniciativas institucionales: entre el reconocimiento y la crítica necesaria
En los últimos años, el Estado guatemalteco ha impulsado actividades con motivo del 8 de marzo. El Gobierno realizó actos conmemorativos donde se resaltan “avances en equidad de género”, y se hace énfasis en políticas públicas para promover el desarrollo integral de las mujeres. La Secretaría Presidencial de la Mujer (SEPREM), bajo la administración actual, ha destacado la intención de reducir brechas de desigualdad.
El Congreso de la República también ha difundido compromisos legislativos en favor de las mujeres, enfatizando estrategias de seguridad, atención a víctimas de violencia y desarrollo.
Organismos como la ONU en Guatemala, a través de foros y declaraciones en el marco del 8 de marzo, ponen foco en la necesidad de financiar los derechos de las mujeres para acelerar la igualdad, reconociendo que los recursos destinados aún son insuficientes frente a las brechas persistentes.
Sin embargo, como feministas, miramos con escepticismo estas iniciativas cuando no van acompañadas de transformaciones profundas. El simple acto de realizar una ceremonia o evento gubernamental no es igualdad real si las mujeres siguen enfrentando violencia, falta de acceso a justicia, discriminación laboral y ausencia de políticas sostenibles más allá de ese día.
Eventos programados en Guatemala para este 8 de marzo
Este año, la Coordinadora 8 de marzo y otros colectivos han publicado una agenda de actividades robusta que va desde plantones en instituciones clave como la Corte Suprema de Justicia y el Ministerio Público hasta ferias productivas, jornadas de salud como Papanicolau gratuito, murales comunitarios, caravanas y festivales culturales bajo consignas como “Vivas nos queremos”.
Estas iniciativas no solo visibilizan la presencia femenina en espacios públicos, sino que buscan reinterpretar la ciudad y reivindicar nuestras voces en cada esquina, desde la participación política hasta el arte, la salud y el emprendimiento.
Mujeres referentes de Guatemala: historias que inspiran lucha y resiliencia
Para entender por qué este día sigue siendo necesario, es fundamental poner nombres, historias y rostros detrás de la lucha. Guatemala ha sido tierra de mujeres que han marcado la historia y que continúan construyendo caminos de resistencia:
Rigoberta Menchú Tum
Activista maya K’iche’, galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1992 por su labor en defensa de los derechos de los pueblos indígenas y de las mujeres. Fundadora del partido político Winaq, su vida simboliza la resistencia contra la violencia estructural y la exclusión.
Joseline Esteffanía Velásquez Morales
Activista reconocida internacionalmente (incluida en la lista BBC 100 Women) por su trabajo en derechos sexuales y reproductivos y en la educación de adolescentes y niñas para la prevención del embarazo forzado.
Gladys Tzul Tzul
Intelectual y activista maya K’iche’, con un enfoque interseccional sobre el poder, la comunidad y el género. Su trabajo académico y social propone formas de resistencia indígena que desafían las narrativas centralizadas.
Myrna Mack Chang
Antropóloga y defensora de derechos humanos, cuya asesinato en 1990 por su labor crítica generó una lucha por justicia que perdura hasta hoy.
Josefina Tíu
Una joven quiché que ha luchado por el derecho de las niñas a la educación y que ha llevado las voces de comunidades rurales ante organismos internacionales.
Mujeres en ciencia, arte y sociedad
Además de figuras históricas, muchas mujeres guatemaltecas contemporáneas destacan en ciencia, arte, emprendimiento y cultura (como Adriana González, Celia Recinos, Eleonora Poitevin o Gabriela Asturias), demostrando que la contribución femenina atraviesa todos los campos sociales.
Reflexión final: el 8 de marzo como herramienta de transformación
Este 8 de marzo en Guatemala no puede ser una fecha neutral o festiva. Es un momento para mirar de frente las estadísticas, reconocer las muertes por violencia de género, los embarazos forzados, las expulsiones del sistema educativo, la invisibilización de las mujeres indígenas y las barreras estructurales que aún nos impiden ser igualitarias de facto.
Quienes creemos en el feminismo no pedimos protagonismo, ni queremos “borrar a los hombres”. Pedimos que se reconozcan las desigualdades, que se reestructuren las políticas públicas con perspectiva de género, que se destinen recursos reales y que se escuche a las voces más silenciadas.
Conmemorar el Día Internacional de la Mujer es alzar la voz por quienes ya no pueden hacerlo, por quienes han sufrido violencia, por quienes siguen luchando por educación, salud, justicia y libertad. Es una invitación a la sociedad guatemalteca—y al sistema educativo que lees estas líneas—para reivindicar y reconstruir un país donde la igualdad no sea discurso, sino realidad palpable para todas y todes.

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